Por mi temor para sufrir, por mi afán, por abarcar y por mis tropiezos para crecer.
Perdóname cuando me tarde para reponerme del dolor y lo deje ahí aposentado, desperdiciando las oportunidades que me das para dejarlo correr.
Perdóname cuando me das la mano y yo te digo: “¡No puedo!” Cuando me das la luz y yo te digo: “¡No veo!” Cuando me llamas y yo te digo: ¡”No oigo”!
Perdóname, porque seguro me he quedado con muchas sonrisas dentro, con muchas...
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